El vicesecretario de Comunicación del PP ha comparado el trabajo de estas profesionales con el realizado por su hermano, médico de un hospital público.

Las frívolas declaraciones del vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, Pablo Casado, en las que ha comparado la situación laboral de las camareras de piso –las profesionales que acondicionan las habitaciones de los hoteles– con las de su hermano médico –profesión que nos merece todo el respeto–, revelan una profunda ignorancia sobre la realidad laboral de este país, además de una carencia absoluta de empatía.

Comparar el elevado número habitaciones que debe atender una camarera de piso en una de sus duras jornadas de trabajo con el número de habitaciones que debe visitar un médico de un hospital público para atender a cada uno de sus pacientes es, además de surrealista –pues no existe base de comparación alguna–, ofensivo para las casi 100.000 profesionales que desarrollan esta actividad en nuestro país.

Lo que pone de manifiesto lo expresado hoy por el vicesecretario de Comunicación del Partido Popular es la nula sensibilidad de un partido político cuyos dirigentes entienden el mercado de trabajo como un ámbito en el que se proyecta una distinción clasista en consonancia con la fragmentación social que el pensamiento conservador siempre ha asumido como natural en un modelo de libre mercado que prima el individualismo y la competitividad como valores hacia el éxito profesional y social.

Para ellos, una camarera de piso debe ser una profesión difusa que se engloba dentro de un magma de profesiones que, quizás, consideren irrelevantes para el reconocimiento social y económico al que aspira el individuo “emprendedor” que debe ser dueño de su destino en un entorno lleno de oportunidades. Pero la realidad es muy otra: tras esa propaganda neoliberal se oculta la realidad de millones de trabajadores y trabajadoras que no llegan a fin de mes, cobran sueldos de miseria, aceptan el pluriempleo como remedio para la subsistencia y asumen la precarización progresiva de sus condiciones de trabajo como condición necesaria para el mantenimiento de su puesto de trabajo.

UGT seguirá luchando para revertir esta tendencia, recuperar derechos, mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras, y dignificar aquellas profesiones que, como la de las camareras de piso, son esenciales para lograr el éxito empresarial en base a la calidad de un servicio que es prestado por profesionales comprometidos pero mal remunerados y poco reconocidos.

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